On the road again…
Feb 25Escribo puntualmente desde un tiempo y un espacio en el cual puedo decir con confianza que el día de hoy es mi último día en esta ciudad. La puntualidad; me gusta. Mañana; cuando esté en un tiempo y un espacio apropiado, sentiré nostalgia por este escrito.Pero soy tan maravillosa que puedo sentir la nostalgia desde ahora, si es que así me lo propongo. Sentir esa sensación que te grita que te queda un tiempo límite, no me gusta tanto. Cuando me siento así suelo escribir sin intentar hacer mucho sentido. Libre asociación. Me gusta que suceda con las palabras. No con las personas. A Jacobo no le gusta estar en un lugar por mucho tiempo. Me confunde. No me gusta sentirme atada a nada. Esto lo hace. Tampoco me gusta sentir que no pertenezco a nada. Me gusta escribir en primera y tercera persona. Pronto incorporaré a la segunda. Chabela no me ha molestado en días. Creo que lo hará pronto. Seria castigar a mi ego el admitir que la extraño. Así que mejor lo premio. La mayoría de mis propósitos de año nuevo no los he cumplido. Momento. No hice lista de propósitos de año nuevo. No me gustan. Hacer eso te da un lapso de 365 días para resolver cosas que tal vez puedes resolver en segundos. Horas. Semanas. Gritando o llorando. Brincando o (insertar palabra inteligente aquí). Sigo fumando. Seguro eso hubiera sido algo digno de mencionarse en mi inexistente lista de propósitos de año nuevo. No me gusta hablar. Prefiero escuchar. *No aplica a mi último fin de semana, en donde tanto hablar causó la ausencia inesperada de mi voz. Un ligero recordatorio para escuchar mas. Dejar las ideas entrar a mi cabeza, en donde toman un proceso mágico. Es algo parecido a la piratería. Tomar ideas, reciclarlas y sacarlo en un formato nuevo. La hora de comida de el día de hoy se mostró interesante. Mi madre me pregunto que como aguantaba seis horas en un avión sin fumar. Evasivamente contesté que tomaba el avión por asalto cada media hora y lo hacia desempeñar un aterrizaje de emergencia. No dije mas. Pero si pensé mas. Entonces, desde el mas allá, desde un misterioso abismo de sabiduría, de una lejana galaxia de ideas, vino a mi la idea mas brillante que se me ha ocurrido hasta la fecha. Recordé el fallido intento de dejar de fumar cuando construí una caja de cartón. Era muy compacta. Estaba diseñada para que solo yo cupiera adentro. La idea era meterme a fumar ahí y en algún momento quedar asqueada del cigarro. O de tan compacta que estaba, de algún contacto que mi cigarro hiciera con el cartón, toda la caja empezaría a incendiarse. Y yo junto con ella. Una dura lección. Pero no, no tuvo efecto. Ahora la idea es construir un avión a escala. Meterme ahí y fingir que estoy volando. Cada vuelo lo puedo programar que sea de 6 horas. Digo. No está mal la idea. Hasta ahora es mi mejor solución para dejar de fumar. Pero bueno, creo que primero tendré que creer que el fumar es un problema. De no ser así nunca existirá la solución para algo que no es realmente un problema.
