Viajando con Jacobo
Apr 06Ay ay ay ay. Mis queridos lectores, canten y lloren. En verdad Jacobo intentó demasiado hacer su viaje lo mas positivo que se pudiera en esta ocasión que Jacobo toco tierra en México. Pero, aun cuando intenté lo mas que pude, pasó lo que siempre pasa cuando Jacobo llega a la ciudad de México. Quejas, quejas y mas quejas.
Empiezo queja número uno con la regateada que tuve que dar en la aduana.
“Pase sus maletas por la banda de rayos x” – Me indicó la señorita aduanera.
Jacobo muy amigablemente colocó todos sus objetos sobre la banda para que iniciaran su recorrido por aquella máquina atroz. Ya iban saliendo todas mis maletitas cuando en eso noto que la banda empieza a ir en reversa, y se empieza a tragar mi equipaje nuevamente.
“Demonios” Pensé a mis adentros ” Que habrá notado la señorita en mi maleta? Según yo me deshice de todo los artículos peligrosos. Seguro se me olvido ese cuchillo de plástico ahí adentro! Eres una completa idiota Jacobo”
“Señorita, trae dos computadoras verdad?” Me preguntó la -obviamente ciega- señorita aduanera.
“Dos? No, solo traigo una” Le contesté muy segura de mi respuesta final.
“Mayelitaaaaa!”-Gritó la señorita aduanera energeticamente para llamar la atención de Mayelita.
Mientras tanto yo me preguntaba que comerían las chicas de la aduana para tener tanta motivación y energía.
“Mayelitaaaaa! Revisa esta mochila. Trae dos computadoras” – Le indicó la señorita aduanera a Mayelita.
“Señorita”- Le dije intentando llamar su atención. “Solo traigo una computadora” – Dije esto mientras astutamente levantaba mi dedo índice para reforzar la idea del número uno.
“Pase por acá por favor” – Me sorprendió Mayelita con sus palabras a mis espaldas.
La seguí y en eso vi como estaba pasando la sección en donde uno debe de presionar el botón rojo!!
“Ponga su mochila en esta mesa por favor” – Me indicaba que debería de poner mi mochila en una mesa que estaba pasando el área del botón.
“Oiga, pero no le he picado al botón, como me va a revisar? Es mi derecho como ciudadana tener acceso a… que no se te olviden las palabras Jacobo, dí algo, algo interesante y usa palabras rimbombantes…. tener acceso a mi privacidad como lo indica en la guía del Paisano. Yo soy paisana!”- Le dije mis sabias palabras y a la misma vez la veía con cara de incrédula. No podía creer que esto me estaba pasando (de nuevo).
“Mire señorita, usted dice que trae una computadora, mi compañera vió dos. Así que para quitarnos de dudas, la vamos a revisar.” – Me dijo sin ninguna gracia alguna.
“Pero yo no le he picado al botón! Solo traigo una computadora! Solo por que su compañera “vio” dos computadoras, no significa que traigo dos. Está dudando de una paisana?”- Le dije en un tono un poco molesto.
“Mire señorita, si usted oprime el botón y le sale rojo la tendremos que revisar. Y si es que trae dos computadoras, entonces le tendré que confiscar una” – Me indicó Mayelita.
“Pero, si me sale verde no me tienen que revisar” – Le dije para intentar que ella dejara que yo la iluminara con mi sabiduría.
“Pero que tal si trae dos computadoras?”
“Pero que tal si solo traigo u n a ?”
“Pues entonces de ser así, usted se va muy agusto a casa, después de que la hayamos revisado”
“Y bueno, si dejo que me revisen sin tener mi derecho ejecutado de picarle al botón; y si solo traigo una computadora… Entonces la próxima vez que pase aduana aquí en México tengo un pase gratis?” – Le pregunté con una voz de locutora, para ejercer presión como paisana.
“Ja ja ja. No señorita, no puedo hacer eso” – Decía Mayelita mientras reía. Como si le acabase de contar el mas nuevo chiste.
“Pues entonces yo tampoco puedo hacer eso de pasar sin picar el botón!” – Mi tono de voz sugería claramente que, o me daba ese pase gratis pa’ la próxima o no había trato.
“Señorita. Tenemos que revisar esa mochila”
A Jacobo ya no le quedo de otra. Ya la habían humillado como paisana, y mis palabras parecía que tenían sobre ella el efecto que tiene un soplido frágil de un niño contra un tronco. Así que dejé que se diera cuenta que solo cargaba una computadora. Pasé a la mesita en donde hacen las inspecciones y Mayelita sacó mi computadora. En eso se dió cuenta que también traía otra cosa que parecía computadora. Vi en sus ojos una emoción, como si hubiese encontrado algún tesoro perdido. Pero ella no era ninguna pirata. Era una señorita aduanera…
“Y esto que es?” – Preguntó Mayelita en un tono sarcástico.
“Eso… es un monitor” – Le contesté yo muy decepcionada de sus conocimientos tecnológicos.
“Marthaaaaa! Ven a ver esto” – Mayelita ahora le gritó a Martha. La cual parecía que era la experta en descifrar los artículos que cargaban los paisanos.
Martha tomó mi monitor, el cual estaba en su estuche, y mientras intentaba abrir el cierre le temblaban las manos. Como si sujetara un premio gordo en ellas mismas. Yo mientras me quedé parada a un lado viendo tal escena.
“Que es esto?” – Me preguntó ahora Martha
“Es un monitor” – Le dije ya bastante molesta por tanta demora.
” Y cuanto te costó?” – Me preguntó crudamente
“No sé, es de la universidad. No recuerdo” – Le mentí muy tranquila. Sabiendo que las mentiras son piadosas cuando estas en la aduana y te quitan tu derecho de picar el botón.
“Ah, entonces eres estudiante?”
“Si, soy estudiante”
“Traes alguna identificación de tu universidad?”
“Ya decía yo que se me olvidaba algo! … NO no traigo mi identificación.”
“Tienes tu visa de estudiante?”
“Si, y aquí está” – Se la enseñe, mientras por dentro me daban unas enormes ganas de embarrarsela en la cara. Así como si le estuviera embarrando Nutella a un pan recién tostado.
“Ya veo. Y cuanto te costó la computadora?”
“No se! No dedico un espacio en mi mente a almacenar lista de precios de cosas que compré hace 5 años” – En verdad! Estas mujeres me estaban matando!
Después de que concluyeron que en efecto la segunda cosa cuadrada que se veía en los rayos-x era un monitor y no una computadora, mis amables amigas decidieron liberarme de la área de inspección después de atacarme con miles de preguntas acerca de mis artículos y si traía regalos que excedieran los 300 dolares.
“Pásale ahora si, a oprimir el botón” – Me dijo Martha muy confiada en que acababa de desempeñar un excelente trabajo.
“Picarle al botón? pero si me acaban de revisar!!!! Como?!” – Yo ya no estaba viendo claro, me sentía como en un tianguis. Dame, te doy, que si, que no… Que estaba pasando?! De lo molesta que estaba ya en este punto, fuí rápidamente a presionar el botón y solo recuerdo que rogaba que no saliera el color rojo. Aun tengo viva la escena en cámara lenta. Mi dedo hizo presión contra el objeto redondo y después eleve mi mirada para ver que veredicto tenia el foquito…. Verde señores!!!
Tome mis artículos y caminé hacia la puerta. Mientras hacia mi majestuosa e inteligente salida, voltee a ver a las aduaneras con cara de “na na na na na”… Ahhhh que lindo es el color verde. Nadie sabe esto mejor que una paisana como yo.
Creen que ahí terminan las terribles experiencias de Jacobo? Pues no crean tanto, puesto que en la siguiente sección Jacobo continua con las aventuras de “Jacobo en el hotel”.
Estén pendientes…
Peace Out!
